Hay que ir muy, pero que muy molla, para que te peguen un tiro en la cabeza y no te des cuenta... y también hay que ser muy, pero que muy cafre, para liarte a tiros en nochevieja...
Todo esto me recuerda a un tal Homer J. Simpson, que tuvo un lápiz encajado en el cerebro también por unos años...
Tal vez este hombre también recupere cualidades cuando le retiren la bala, quien sabe...
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